La ciudad de Bolonia conserva un hermoso casco antiguo medieval cuya estructura radial se asemeja a una estrella de ocho puntas centrada en su monumental Plaza Mayor. Cerca están sus construcciones más famosas. Son dos altas y estrechas torres que miran al cielo. Desde el viernes 1 de mayo en ese firmamento brilla el recuerdo de un ilustre hijo de la ciudad en la que resisten obstinadas el paso del tiempo. Nacido en Bolonia y criado en la muy cercana Castel Maggiore, el fulgor dejado por el recuerdo del extraordinario Alessandro Zanardi se reflejó el sábado y el domingo en el reluciente plata del monoplaza pilotado por un muchacho nacido también en Bolonia, Andrea Kimi Antonelli.
La forma en que el jovencísimo piloto de Mercedes logró en Miami su tercera victoria consecutiva en un Gran Premio de Fórmula 1 tuvo detalles del ejemplo dejado a lo largo de los años por Zanardi. Antonelli elevó a tres su racha de 'pole position' seguidas con un pilotaje veloz e impecable digno del piloto que tantas veces fue más rápido que el resto en las calles de otras ciudades de esa parte del mundo. Luego, cuando todo pareció ponérse en su contra después de otra mala arrancada no se desanimó. Persistió en su empeño sin rendirse para volver al primer puesto que ocupaba en la parrilla de salida. Una vez recuperado el liderato lo conservó con una determinación y una capacidad para resistir a la presión impropias de su edad. En conjunto su actuación pareció inspirada en las cualidades que mostró su ilustre conciudadano camino de sus triunfos con el Reynard rojos con rayos amarillos o sus victorias olímpicas en la 'hand bike'
La tercera victoria de Antonelli llegó además en una carrera que por momentos recordó a aquellas de la CART en las que Zanardi logró sus mejores triunfos. El circuito de Miami no deja de ser una versión para la Fórmula 1 de las típicas pistas urbanas tan habituales ya entonces en la máxima serie norteamericana para monoplazas. Y el desarrollo de la competición, con numerosas alternativas, la poco menos que inevitable intervención del coche de seguridad y luchas cuerpo a cuerpo en las que no faltaron los contactos, también fue muy de ese estilo de las pruebas en las que Alex destacó más que nadie durante sus tres fabulosos años pilotando para el equipo de Chip Ganassi.
Para que ello ocurriese fue clave el mes de pausa obligada en el calendario de la Fórmula 1 debido a la situación bélica en Irán y los países de su área de influencia. En ese tiempo sin competiciones se acordaron unos ajustes en la normativa técnica cuyo resultado se dejó sentir de modo muy positivo. Evidentemente lo ideal sería que los pilotos pudiesen disponer en cualquier momento de toda la potencia que pueden producir sus sofisticados propulsores híbridos sin tener que preocuparse en exceso por su recarga o el modo en que la gastan. Pero los pasos dados antes de la cuarta carrera de la temporada no hay duda de que han sido en la dirección correcta, limitando los efectos negativos de la nueva reglamentación y acrecentando los positivos.
De entrada, fuese por esos cambios, por las evoluciones y mejoras realizadas por sus rivales o por la prohibición del ingenioso modo en que los Mercedes gestionaban la fase de descarga de sus baterías, el caso es que las flechas plateadas no volaron con la misma soltura en Miami que en Australia, China o Japón. El viernes y el sábado sufrieron sus primeras derrotas al ser superados por los McLaren. Primero sólo por el de Norris en la SQ3. Luego por ambos y también por el Ferrari de Leclerc en la carrera 'sprint'. Aunque en el Gran Premio propiamente dicho Antonelli acabó repitiendo el sensacional resultado de 'pole' y victoria ya conseguido en Shangai y en Suzuka, tanto su primer puesto en la sesión de clasificación como el triunfo en la carrera se debieron probáblemente más al talento del joven prodigio italiano que a una superioridad técnica de su monoplaza. No en vano su compañero George Russell nunca estuvo en la lucha por la primera posición a lo largo de un fin de semana en el que se mostró muy gris.
Además el hecho de que las diferencias entre los cuatro equipos que siguen estando un paso por delante del resto fuesen pequeñas hizo que el factor humano acabase por tener una gran influencia. Porque tanto como Antonelli fue superior a Russell también lo fue Leclerc a Hamilton en Ferrari, más aún Verstappen respecto a Hadjar en Red Bull y algo menos pero suficiente para marcar las diferencias Norris ante Piastri en McLaren. Eso ya supuso una parrilla de salida con mezcla de los colores plata, rojo, azul y naranja muy superior respecto a las mucho más cromáticamente ordenadas de las carreras anteriores. Como además las salidas siguen siendo un momento en el que se producen numerosos cambios de posición y estos nuevos monoplazas, más ligeros, más pequeños, sin fondo en forma de ala invertida y con más par motor, son más reactivos pero también más proclives a provocar errores el resultado fue que acabase siendo entretenida y por momentos impredecible una carrera en un trazado tan anodino como es el que rodea el estadio de los Dolphins.
A la pasada de frenada al unísono de Antonelli y Verstappen en la primera curva, cuando trataban de evitar que Leclerc volviese a aprovechar la fulgurante arrancada del Ferrari para situarse en cabeza, siguió el trompo completo del neerlandés milagrosamente evitado por el resto. Sin apenas tiempo para analizar que había ocurrido Colapinto golpeó con su Alpine el Ferrari de Hamilton y con todo ello la configuración de la parrilla saltó por los aires planteando un duelo a tres entre el monegasco del Cavallino, el italiano de Mercedes y Norris con el primer McLaren.
Cinco vueltas después el error de Hadjar que envió su Red Bull contra las protecciones y el aparatoso vuelco del Alpine de Gasly al ser embestido por el Racing Bulls de Lawson supuso la neutralización con 'Safery Car' y la arriesgada decisión por parte de Verstappen de anticipar su parada en 'boxes' para montar ya las gomas duras y esperar que no lloviese para usarlas ya hasta el final. Relegado al desimosexto puesto el cuatro veces campeón del mundo empezó entonces a abrirse paso a su estilo, entre agresivo y directamente intimidatorio, realizando alguno de esos adelantamientos en los que el modo en que lanza su monoplaza parece decir a su rival "yo no voy a frenar... ¡o te apartas o chocamos!". Así fue remontando y como finalmente apenas si cayeron unas minúsculas gotas de agua llegó incluso a liderar a mitad de carrera cuando todos los demás se cansaron de esperar por el agua y pararon también para montar los neumáticos identificados por las letras de Pirelli pintadas de blanco.
El liderato de Verstappen fue efímero porque Antonelli ya se había desecho de Leclerc y de Norris. Al primero lo había superado en la pista, al segundo en el cambio de gomas. Con neumáticos nuevos el italiano pasó con facilidad al holandés que ya los había maltratado bastante en su remontada y a partir de ahí la carrera de uno y otro fue en direcciones totalmente opuestas. El de Mercedes ya no dejaría el primer puesto mientras que el de Red Bull sería rebasado por los dos McLaren y por el Ferrari. Por momentos pareció que Norris podría inquietar a Antonelli pero la forma en que el italiano abrió un pequeño hueco, gestionó la diferencia y mantuvo el liderato fue magistral haciendo que el inglés tuviese que conformarse con acabar segundo.
Aunque las dos primeras posiciones ya estuviesen decididas todavía hubo emociones fuertes hasta el final. En la penúltima vuelta Piastri arrebató el tercer puesto a Leclerc. Unos instantes después el monegasco perdió el control de su Ferrari y pese a que lo recuperó no pudo evitar un toque contra el muro que afectó a la suspensión delantera izquierda. Con el monoplaza dañado siguió lo más rápido que pudo aunque eso significase cortar cuatro curvas de ahí a meta. Esfuerzo inútil porque Verstappen lo superó justo bajo la bandera a cuadros y su desesperado intento por conservar el cuarto puesto le acabó costando una sanción de veinte segundos que lo envió al octavo.
Fue un final loco para una carrera que había comenzado de forma caótica. Diferente en la forma, porque los tiempos cambian y las tecnologías de la F1 actual y la CART de entonces no son comparables, pero en cierto modo una de esas poco predecibles que le gustaban a Zanardi cuando protagonizaba remontadas increíbles y adelantamientos imposibles. Ahora su ejemplo guía desde las alturas por encima de las orgullosas dos torres de su ciudad a la nueva estrella de Bolonia, el chico de diecinueve años que comparte uno de sus nombres con el último campeón del mundo de Ferrari y cuyo apellido empieza y termina con las mismas letras que el último italiano que logró el ansiado titulo mundial de la máxima especialidad del automovilismo deportivo. Hace apenas un mes pensar que lo pudiese conseguir Andrea Kimi Antonelli en su segunda temporada de Fórmula 1 resultaba impensable. Ahora empieza a parecer hasta probable.