El Dallara de color champán había liderado las dos primeras rondas de clasificación, pero algo de su burbujeante fuerza se perdió en la lucha final entre los seis más rápidos. La anhelada 'pole position' acabó quedando lejos para Felix Rosenqvist. Se tuvo que conformar con el cuarto puesto. Mejoraba en uno lo conseguido un año antes, pero le dejaba sabor a decepción.
Esta vez quería más.
Lo demostraba de inmediato superando con decisión a Malukas nada más iniciarse la carrera para seguir de cerca a Palou y Rossi. El español y el americano se relevaban en el liderato jugando al gato y al ratón para ahorrar combustible. El sueco decidía entonces mantenerse en un segundo plano: discreto, pero expectante, mientras nubes cada vez más negras cubrían el cielo de Indianapolis.
Era cuestión de minutos que empezase a llover.
Si lo hacía después de la vuelta 101, en suficiente cantidad para empapar el asfalto, la carrera se daría por terminada con las posiciones registradas en ese momento.
Finalmente comenzaron a caer unas gotas de agua y la bandera roja ondeó en la vuelta 106, enviando a todos los monoplazas al 'pit lane'.
Por fortuna fue sólo una breve tregua. Apenas veinte minutos de pausa antes de volver a la acción.
En la reanudación el ritmo era cada vez más alto y, poco a poco, los primeros se habían ido distanciando. El poderío de Ganassi y Penske se estaba imponiendo.
Había que intentar algo diferente.
Al relanzarse la carrera en la vuelta 125, después de diez vueltas neutralizadas, Newgarden cometía un error y se estrellaba contra el muro. Las banderas amarillas volvían a aparecer de inmediato. En Meyer Shank optaban entonces por adelantar la siguiente parada en 'boxes' de Rosenqvist y de su compañero Marcus Armstrong. También en Arrow McLaren llamaban a 'Pato' O'Ward.
La apuesta era arriesgada, pero podía merecer la pena. Se trataba de perder menos tiempo en el repostaje y cambio de neumáticos que al hacerlo con la carrera lanzada y de tratar de llegar a la meta con sólo una parada más. Si la carrera se completaba sin más interrupciones, iban a ir muy justos de carburante. A cambio, la estrategia alternativa les daba una ventaja de más de una treintena de segundos sobre los que entrasen más tarde, cuando realmente tocaba, pero lo hiciesen bajo bandera verde.
Las vueltas se sucedían a toda velocidad. Entre la 145 y la 150, los que habían optado por la estrategia más convencional no tenían más remedio que hacer su penúltima parada bajo bandera verde y eso dejaba claramente por delante a los que ya la habían llevado a cabo cuando ondeaba la amarilla.
Mientras tanto, Rosenqvist superaba a O'Ward y se convertía en el nuevo líder. A los dos se les acercaba Armstrong y el trío resistía en pista una quincena de giros más para hacer su última parada a sólo 33 vueltas del final. Los mecánicos de Arrow McLaren eran más eficaces y el mexicano se reincorporaba por delante, precediendo en la cuarta posición a los dos pilotos de Meyer Shank Racing.
Su plan estaba funcionando.
Por delante sólo iban Malukas, Palou y McLaughlin, pero los tres tendrían que entrar en 'boxes' una vez más.
Lo hacían diez giros más tarde, otra vez bajo bandera verde. Volvían a la pista con el más joven piloto de Penske al frente, pero ocupando el octavo lugar, a más de veinte segundos de los líderes.
Para todos era ya el definitivo momento de pasar al ataque.
En cabeza, Rosenqvist arrebataba la primera posición a O'Ward.
Por detrás, Malukas se abría paso entre el tráfico rodando más rápido que nadie. Reducía la desventaja, pero a diez vueltas del final todavía le separaban quince segundos del ansiado liderato.
No iba a llegar a tiempo.
Entonces, a ocho vueltas del final, Caio Collet cerraba del peor modo su debut digno de una montaña rusa. El joven brasileño había pasado de la alegría por el décimo puesto en la sesión de clasificación a la decepción de tener que tomar la salida desde la última fila a causa de una sanción. Pese a ello había llegado a liderar durante nueve vueltas gracias a retrasar su primera parada en boxes. Satisfacción efímera antes de volver a posiciones más retrasadas, sin más objetivo que terminar siendo al menos el mejor clasificado de los 'novatos'. Iba camino de conseguirlo hasta que perdía el control de su monoplaza y no podía evitar el duro golpe contra el muro que, antes o después, espera a todo piloto en este tipo de carreras.
En otras épocas el accidente de Collet hubiese significado concluir la carrera con las posiciones congeladas bajo banderas amarillas, ya que difícilmente se iban a poder retirar los restos del Dallara y limpiar el asfalto antes de que se completaran las 200 vueltas. Pero hace tiempo que ese final tan poco atractivo se evita usando la bandera roja. Era la peor noticia para Rosenqvist.
Cuando la carrera se volvía a reanudar, los doblados habían sido quitados de en medio. El sueco abría la marcha con todos los que aún rodaban en la misma vuelta pegados a él. Unos minutos antes parecía tener la carrera ganada. Ahora todo apuntaba a que iba a perderla en lo que debía ser un loco sprint final de cuatro vueltas.
Acabaría siendo aún más corto y frenético. Justo tras relanzarse la carrera, con Armstrong y Malukas superando a Rosenqvist antes de la curva 1, un roce contra el muro del Dallara de Mick Schumacher causaba otra breve aparición de las banderas amarillas.
Todo se iba a decidir en una sola vuelta absolutamente al límite.
Nada más iniciarse el giro final, el piloto de Penske, que ya había demostrado su mejor ritmo y llevaba además neumáticos más frescos, rebasaba de inmediato al neozelandés y se lanzaba en busca de la victoria más deseada.
A su estela, Rosenqvist trataba de superar por el exterior a Armstrong. Los dos monoplazas de Meyer Shank Racing hacían en paralelo la curva 1, llegando incluso a tocarse sus neumáticos. Ninguno de sus pilotos cedía y continuaban rodando emparejados en la curva 2, a lo largo de la recta de atrás y en la curva 3. Finalmente el sueco lograba rebasar a su compañero de equipo antes del último viraje. Lo abordaba por el interior absolutamente a fondo y salía lanzado a la recta final buscando el rebufo del Dallara de Malukas. El americano trataba de romper el hilo invisible al que se aferraba el sueco, pero no lo conseguía.
El europeo llegaba con más impulso.
Se abría a la derecha.
Ganaba terreno pulgada a pulgada con la meta a la vista.
Después de 500 millas, Rosenqvist acababa superando a Malukas en las últimas yardas de asfalto para pisar la más importante, la de ladrillo, veintitres milésimas de segundo antes en el final más igualado de la larga historia de lo que los norteamericanos definen como el mayor espectáculo del automovilismo.
Difícil llevarles la contraria con un desenlace así.