Daniel Ceán-Bermúdez
@daniel_cean
Foto: Facebook Birmingham 2026

Campeonatos de Europa de Atletismo
Birmingham 2026

Tercera jornada - miércoles 12 de agosto
Finales de 400 masculino, martillo femenino, 400 metros vallas femenino y 110 vallas masculino.

El eclipse de sol precedió a las cuatro finales disputadas en la noche del miércoles, jornada en la que el máximo interés para la representación británico del otra vez poco abundante público en las tribunas estuvo centrado en la carrera masculina de 400 metros, protagonizada por el local Matthew Hudson-Smith.

400 metros lisos masculinos: El triunfo más deseado

Veintidós años antes un niño nacido en la cercana Wolverhampton empezó a practicar el atletismo en este estadio de las afueras de Birmingham. Seguro que estaba lleno de ilusión y soñaba con grandes éxitos. Pero incluso para el ilimitado optimismo infantil habría sido difícil imaginar lo que le depararía el futuro en ese mismo escenario más de dos décadas después.
Aquel niño es ahora un atleta hecho y derecho que ha logrado numerosas victorias desde entonces. Pero ninguna será tan especial como la que espera conseguir la noche del 3 de agosto de 2026. Quiere ser el primer atleta en ganar el oro europeo de 400 metros por tercera vez. Y, lo que es más importante, quiere ganarlo en casa, ante su gente. El destino le ha ofrecido esa oportunidad con la celebración de los Campeonatos de Europa en la pista de sus inicios atléticos. Ese tartán del Alexander Stadium que ha recorrido miles de veces.
A su alrededor la expectación del público local es máxima. Especialmente en la tribuna dedicada a él. Un honor y también una responsabilidad.
Tal vez piense en todo ello mientras se ajusta las zapatillas y se sitúa en los tacos de salida de la calle 9. La peor de todas. La que obliga a correr sin ninguna referencia visual. Deseoso de haber acertado con el ritmo. Esperando no ver a ningún otro atleta aparecer a su izquierda.
Tal vez no piensa en nada de eso. Concentrado solo en sus sensaciones. Seguro de sus fuerzas. Convencido de que nadie va a correr más deprisa que él en su casa.
Cuando el estallido del disparo de salida rompe el silencio de la noche arranca en busca de la mayor velocidad posible. Sabe que su puesto en la calle más exterior le sitúa en el papel de la liebre que espolea a una jauría de galgos y está decidido a que no le den caza.
Completa la primera curva en plena aceleración, ganando metros con rapidez.
Cubre la primera recta en un suspiro, el eco de los pasos de sus adversarios cada vez más lejano.
Recorre la segunda curva animado por los ocupantes de ese graderío adornado por su nombre. No puede saberlo, pero su ventaja se va reduciendo a medida que avanza la competición.
Entra el primero en la recta final. Sufre la inevitable pérdida de velocidad pero se sigue exigiendo al máximo. Tiene que resistir.
Los últimos metros parecen siempre más largos. Esta noche puede que incluso más pero no le importa. Son unos segundos de intenso dolor antes de alcanzar la gloria. Del tormento al éxtasis en un instante.
Matthew Hudson-Smith cruza antes que nadie la línea de meta. Ha ganado su quinta medalla de oro europea, la tercera en la prueba individual. La más deseada. En su casa. Arropado por los suyos.

Martillo femenino: Ganar a una leyenda

Anita Wlodarczyk fue prácticamente imbatible durante más de una década. Entre 2009 y 2021 ganó tres oros olímpicos, cuatro mundiales y otros tantos europeos. Cualquiera con tan extraordinario palmarés se habría retirado ya hace tiempo. Sin embargo, la fabulosa atleta polaca sigue en activo superados los cuarenta años de edad y su presencia añade lustre a cada prueba en la que toma parte. Vencer a la mejor de todos los tiempos en el lanzamiento de martillo tiene un valor especial porque además Anita continúa siendo competitiva. En los europeos del año anterior acabó segunda y a Birmingham llega en el cuarto puesto del ranking continental. Esa lista la lidera una joven finlandesa que casi podría ser su hija. Tiene 23 años y se llama Silja Kosonen.
El primer lanzamiento de ambas es prácticamente idéntico, solo un centímetro mejor el de la nórdica. Las dos empiezan el concurso lejos de Sara Fantini y Beatrice Nedberge Llano. La italiana envía el artefacto más allá de los 74 metros. La noruega lo hace aterrizar cerca de los 73. Ni una ni otra conseguirán un mejor tiro. En los dos siguientes serán superadas por la finlandesa y se les acercará la polaca.
Faltan tres lanzamientos, pero no producirán cambios. La competición no entiende de romanticismos y aunque Anita Wlodarczyk lo intenta hasta la última tentativa, le acaba faltando apenas medio metro para arrebatar el bronce a Beatrice Nedberge Llano.
Para Sara Fantini es la plata.
El oro acaba en poder de Silja Kosonen. Fría y concentrada hasta entonces, sus emociones afloran de repente cuando se confirma su triunfo. En un instante pasa de la sonrisa al llanto. Lágrimas dulces. De inmensa alegría. Tras haber terminado cerca del podio en los dos últimos mundiales y en su debut olímpico acaba de lograr su primera medalla en una gran competición de categoría absoluta. Es la de oro y la ha conseguido ganando a una leyenda.

400 metros vallas femeninos: Aprovechar la ocasión

El paso de Femke Bol al 800 metros lisos ha dejado a la prueba femenina de los 400 metros vallas sin su principal estrella europea. Al mismo tiempo, su ausencia ha hecho aumentar su interés ante la incertidumbre del resultado. Sin la sensacional neerlandesa en pista, la final de Birmingham se presentaba como la primera gran oportunidad para las atletas que han sufrido su dominio a lo largo de los últimos años. Ocho mujeres que sabían lo que era ver escaparse en la distancia a la elegante vallista vestida de naranja.
Solo dos de ellas la habían acompañado en el podio: Louise Maraval y Emma Zlapetalová. La francesa fue segunda en el europeo de Roma 2024. La eslovaca subió al tercer peldaño en el mundial de Tokio 2025. Dos ocasiones en las que habían observado con admiración y sana envidia cómo Femke recogía la medalla más deseada.
Su destino en la carrera de Birmingham acabó siendo tan diferente como su aspecto físico: alta y rubia Emma, más baja y morena Louise.
Las dos salieron bien. Junto a Paulien Couckuyt ocuparon las tres primeras posiciones al paso por las primeras vallas.
En seguida todo cambió.
Maraval empezó pronto a ceder terreno hasta acabar última y totalmente desfondada.
Zlapetalová mantuvo el ritmo mientras la belga perdía velocidad y pudo permitirse el lujo de entrar en meta con los brazos en alto para celebrar su ascenso al trono europeo dejado vacante por la reina de la vuelta a la pista.

110 metros vallas masculinos: Precisión suiza

La prueba de las vallas altas no perdona. Para ganarla no solo hay que estar en plena forma. Tanto o más importante es no cometer el más mínimo error. Son apenas trece segundos en los que cada detalle cuenta. Exige perfección y, por eso mismo, es muy propicia para las sorpresas. Porque la perfección no existe: solo se puede aspirar a lograrla.
Lejos de ella estuvieron varios de los favoritos. Los españoles Quique Llopis y Asier Martínez no pasaron la criba previa a la carrera decisiva. Junto a ellos también cayó, en su caso literalmente, el belga Bacari cuando volaba hacia el triunfo en su carrera.
La eliminación de tres de los candidatos a medalla fue toda una demostración de que en los 110 vallas, cuando suena el disparo de salida, no importa el palmarés o las marcas previas. Da igual que se trate de una serie clasificatoria, de una semifinal o de la gran final. Hay que salir bien, pasar las vallas sin fallo y correr entre ellas con zancadas de la longitud justa. Un ejercicio de precisión que ejecutó mejor que nadie en Birmingham el representante de un país que ha hecho de esa virtud una industria de fama mundial.
El suizo Jason Joseph recorrió los 110 metros jalonados por diez vallas como uno de esos relojes helvéticos que funcionan con absoluta exactitud. El polaco Szymanski salió algo más deprisa. El francés Kwaou-Mathieu aceleró más en los primeros metros. Ninguno de los dos mantuvo el ritmo como lo hizo el atleta nacido en Basilea para conseguir la victoria por el exiguo pero, a la vez, insalvable margen de cuatro centésimas de segundo, medidas con precisión suiza.

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