La jornada del jueves supuso el paso del Ecuador para los europeo de atletismo en Birmingham. El programa tenía como cita de cierre la final del 200 metros lisos femenino, con previsible éxito británico. Sin embargo, los retrasos debidos a problemas de tráfico hicieron que las mujeres del salto con pértiga empezaran a competir más tarde de lo previsto y fueron ellas las que acabaron poniendo el punto final al cuarto día de competición. Fue una larga jornada en la que se acabaron repartiendo las medallas de siete pruebas, con mención especial para la delegación alemana que obtuvo cinco. Cuatro las consiguieron en dos pruebas con finales llenos de emoción y dramatismo para los representantes germanos.
3000 metros obstáculos femeninos: Alemania por encima de todo

Las dos primeras medallas del día para Alemania llegaron en la carrera femenina de los 3000 metros obstáculos. El dominio de las teutonas se empezó a fraguar prácticamente de inmediato. Apenas se había iniciado la prueba cuando una de sus tres representantes, Lea Meyer, tomó el mando. Subcampeona hace cuatro años en Munich, Lea aceleró la marcha y enseguida partió en dos al grupo de dieciséis participantes. Con ella se fueron por delante sus compatriotas Krause y Gürth, las tres francesas, lideradas por la vigente campeona, Finot, la local Thorner y la joven finlandesa Mononen.
La nórdica y las otras dos galas acabaron cediendo pero las cinco restantes alcanzaron la última vuelta todavía juntas y siempre con Meyer marcando el ritmo. Con tres representantes en esa última selección, las alemanas ya tenían una medalla asegurada. Acabarían logrando dos, pero se quedaría sin metal la que más lo había merecido.
Poco antes del último doscientos atacó Krause como una sprinter ciclista que aprovecha el trabajo de su lanzadora. Finot respondió al cambio. Meyer no se dio por satisfecha con la tarea realizada hasta entonces y trató de resistir. Pese a todas las fuerzas gastadas cortando el viento desde la salida aún le quedaban energías para seguir en la pelea por los metales. Desafortunadamente tropezó con el obstáculo en el último paso por la ría y cayó aparatosamente al agua. Aunque reaccionó con rapidez, tuvo que conformarse con acabar cuarta. El bronce que parecía suyo lo consiguió su compatriota Gürth.
Por delante, Krause redondeó con medalla de oro una carrera que siempre tuvo el amarillo germano al frente. Solo la clase de la francesa Finot impidió el triplete alemán.
Decathlon: Hasta el último aliento

Minutos después del éxito de sus mujeres en los 3000 metros obstáculos los hombres alemanes sumaron otras dos medallas para el equipo en una carrera que terminó también con uno de sus atletas por los suelos. Fue en el siempre agónico 1500 que cierra la agotadora competición del decathlon. La competición de los superhombres del atletismo había disputado el día anterior sus cinco primeras pruebas y llegaba a la última con dos germanos al frente de la clasificación.
Lideraba el defensor del título, Leo Neugebauer. Le seguía su compañero Nikás Kaul, con una desventaja equivalente a unos veinte segundos en el 1500. Una diferencia que estuvo a punto de recuperar en ese kilómetro y medio de tortura final que resultó especialmente duro para Neugebauer.
Mejor en los lanzamientos que en las carreras, el más corpulento ya había terminado la víspera besando el tartán en la llegada del 400. En el 1500 alcanzó la llegada a duras penas, desplomándose sobre la línea de meta poco más de tres segundos antes de que fuese demasiado tarde para conservar la primera posición. Su esfuerzo sobrehumano, tambaleándose en unos metros finales eternos, tuvo el dorado premio que buscaba y dejó una de las imágenes más representativas de lo que significa entregarse hasta el último aliento en busca de la victoria.
Triple salto femenino: El podio más feliz

La alegría con que las tres primeras clasificadas celebraron el resultado de la final de triple salto femenino demostró que no es necesario ganar para ser feliz. Lógicamente, la vencedora, Darija Derkach, disfrutó al máximo de su triunfo, añadiendo unos cuantos brincos de júbilo a los magníficos saltos que permitieron a la italiana liderar el concurso de principio a fin.
Tanto o más entusiasmada se mostró la segunda clasificada, Sallyya Guisse. En su caso, el alborozo era también una liberación tras dos semanas de emociones contrapuestas. En apenas unos días había pasado de la decepción por no ser incluida en el equipo belga a la sorpresa de verse repescada a última hora, cuando ya daba por hecho que no viajaría a Birmingham. Llegar a la final y lograr una medalla de plata superaba con creces todas sus expectativas.
También fue un final de jornada lleno de gozo para la que concluyó tercera, Aleksandra Nacheva. La búlgara solo logró un salto válido en seis intentos pero lo hizo en el momento justo. Fue en su segunda tentativa, aprovechando a la perfección un vendaval de viento favorable que le acabó otorgando la medalla de bronce. Difícilmente se puede conseguir metal con un concurso así por lo que no es de extrañar su regocijo cuando se completaron las seis rondas sin que ninguna de sus rivales pudiera arrebatarle el premio.
Disco masculino: OVNIs en el cielo de Birmingham

Una sucesión de objetos con forma de disco atravesó a toda velocidad el cielo de Birmingham al anochecer del jueves 13 de agosto. Todos salieron disparados desde un pequeño círculo trazado en el suelo y aterrizaron sobre la hierba a unos setenta metros de distancia. Los que más lejos llegaron fueron los lanzados por una figura vestida de un verde tan eléctrico como sus movimientos.
El color del personaje y la forma de los artefactos voladores podían hacer pensar en un hombrecillo venido de otro planeta. En realidad se trataba de un hombretón llegado de mucho más cerca. Un fornido esloveno empeñado en lanzar cada vez más lejos un pequeño pero contundente disco de veintidós centímetros de diámetro y dos kilogramos de peso.
En su primer intento, Christijan Ceh lo envió más allá de los setenta metros, batiendo el récord de los campeonatos que acababa de establecer el lituano Mykolas Alekna. En el segundo volvió a pasar de setenta. En el tercero superó los setenta y dos. Ninguno de sus rivales pudo llegar tan lejos.
Otro disco, este más pequeño y de oro, acabó en las enormes manos del atleta balcánico que en la noche de Birmingham resultó tan inalcanzable como un extraterrestre para sus adversarios.
800 metros masculino: El paciente inglés era un doctor irlandés

Ganar una final de 800 metros requiere piernas y cabeza. Sin fuerzas es imposible vencer pero por muchas que se tengan es fundamental saber cómo y cuándo usarlas. Acertar con la táctica y la estrategia adecuada en función de los rivales es tan importante como correr más deprisa que ellos.
Salir lento para remontar en los últimos metros, confiando en su explosivo esprint, a punto estuvo de no serle suficiente a Moha Attaoui para alcanzar la final. No era, además, la primera vez que le ocurría.
Mejor cambiar el planteamiento para la carrera decisiva.
Para sorpresa de sus rivales el atleta español alcanzó la calle libre el primero en lugar de ser el último en ocuparla como suele hacer.
El panorama era totalmente distinto al esperado y cambiaba todavía más cuando el líder al toque de campana era Marino Bloudek. El croata era el que llegaba con la peor marca previa y pocos contaban con él para luchar por las medallas. Sin embargo ahí estaba, al frente del grupo en la última vuelta, por delante de Attaoui y del más veterano del grupo: Alex English. El irlandés había avisado en semifinales batiendo el récord de los campeonatos, logro que había minimizado con modestia. Su objetivo era el éxito más tangible que supone una medalla de oro.
A falta de doscientos metros, Bloudek seguía en cabeza. Entonces, cuando todos esperaban el ataque de Attaoui, quien aceleró más fue English.
El español trató de seguirle pero sus piernas no respondieron a lo que les pidió su cabeza. La recta final en la que tantas veces ha impuesto su demoledor final se le hizo eterna y bastante hizo con resistir en la tercera posición para ganar una medalla de bronce que le supo a poco porque quería la de oro. Esa que acabó ganando un atleta de correr tan elegante como paciente, doctor en medicina y cuyo apellido significa «inglés» aunque en realidad sea irlandés.
200 metros lisos femeninos: Otro día de buena caza

Amy Hunt ya había hecho honor al significado de su apellido cazando la pieza más codiciada para una velocista: el oro en los 100 metros. Además, su emocionante triunfo ante la polaca Swoboda en la final del hectómetro había cerrado la jornada inaugural del campeonato del mejor modo posible para la afición local: con victoria de una atleta del equipo de Gran Bretaña.
Tres días después, Amy salió de nuevo a la pista dispuesta a repetir éxito. Esta vez su máxima rival también gozaba de los favores del público. A su lado, desde la calle 8, partía la sensacional Dina Asher-Smith.
Su triunfo en esta misma prueba, diez años, antes fue el primero de una británica en la distancia. Desde entonces la prodigiosa atleta nacida en un pueblo de Kent pero con sangre caribeña en sus venas continuó ganando hasta sumar seis títulos europeos (otro en el 200, dos en el 100, dos en el relevo corto), uno mundial y dos medallas olímpicas.
Ahora, cumplidos los 31 años, sigue siendo la favorita. En lo que va de año ninguna mujer ha corrido más rápido que ella en Europa.
Para Hunt es la mejor referencia posible. El perfecto acicate en busca de otra medalla de oro.
Se pega a Dina en la curva mientras la veterana campeona la recorre en cabeza gracias a su explosiva salida y su agilidad felina.
La supera en la recta, mientras gana velocidad con su zancada más amplia, y resiste el ataque final de una veloz pantera que llega con hambre de victoria por su izquierda. Partiendo desde la calle 3, la irlandesa Adeleke ha tenido a las dos británicas en su punto de mira desde el principio pero le faltan metros para completar la remontada.
La victoria, segunda en cuatro días, es para Amy Hunt después de otro día de buena caza en el tartán de Birmingham.
Salto con pértiga femenino: Equilibrios a cinco metros del suelo

El aire sopla con más fuerza a medida que las atletas se elevan apoyadas en la dúctil pértiga. La acaban de apoyar con precisión en el angosto cajetín hacia el que han corrido a paso de carga, apuntando con el ella como si fuese una lanza. Su impulso las lleva en volandas hacia el ya oscuro cielo británico. Allí arriba les espera un frágil listón que cimbrea en su precaria sustentación, mecido por el viento. Superarlo requiere un complejo ejercicio de contorsionismo a cinco metros de altura. El más mínimo fallo en su ejecución supone derribarlo.
Ya es noche cerrada cuando han concluido el resto de pruebas incluidas en el programa del día pero en el pasillo del salto con pértiga aún quedan en competición tres atletas. Dos han pasado sin fallo todas las alturas a las que se han enfrentado. Son la suiza Angelica Moser, vigente campeona, y la finlandesa Wilma Heltelä. La tercera arrastra ya un nulo de la altura anterior y ha superado con más problemas todas las demás. Es la francesa Marie-Hélène Bonnin
Las tres se enfrentan al 4,80.
Moser lo afronta decidida y lo pasa con limpieza.
Heltelä y Bonnin no pueden volar tan alto pero no se rinden y aplazan la sentencia al 4,85.
A la francesa le queda un solo intento. La finlandesa tiene dos oportunidades.
Lo único que consiguen es alargar la agonía.
Ninguna logra franquear la última altura.
La medalla de oro vuelve a ser para Moser aunque finalmente también derriba ese listón que lleva todo el día luchando contra el viento casi tanto como todas ellas.