Campeonatos de Europa de Atletismo
Birmingham 2026

Sexta jornada - sábado 15 de agosto
Finales de marcha, Heptatlon, Jabalina masculina, Altura femenina, 400 femenino, triple salto, 10000 y 1500 masculinos y relevos 4x100.

La penúltima jornada de los europeos de atletismo en Birmingham arrancó temprano con el inicio simultáneo de las cuatro finales de marcha. Un curioso modo de despachar por la vía rápida las competiciones de una especialidad que es la más prolífica en medallas para el equipo español pero no resulta especialmente apreciada en otro lares. La sesión vespertina repartió los metales de otras nueva pruebas, el heptatlon, tres concursos, tres carreras individuales y las dos finales de los relevos 4x100.

Marcha: Caminatas en hora punta

La marcha atlética estrenó en Birmingham sus nuevas distancias de maratón y media maratón en otro de los muchos cambios de longitud sufridos por sus pruebas en los últimos años. Equiparar su kilometraje al de las carreras de ruta es probablemente la única buena idea. En la práctica, el nuevo formato deparó un insólito espectáculo: cuatro competiciones diferentes tomando la salida al mismo tiempo. El disparo inicial puso en marcha a dos grupos de atletas, pertenecientes a las dos distancias en disputa. Además, en cada uno se mezclaban los participantes masculinos y femeninos. Toda una garantía de desarrollo difícil a cuya complicación también contribuyó un circuito de un kilómetro de longitud, escasa anchura, exceso de curvas y una empinada cuesta.
El resultado fue un batiburrillo que dejó imágenes entre absurdas y poco edificantes. Especialmente en los instantes iniciales, aquello parecía el típico atasco de peatones en una zona comercial durante los periodos festivos. En particular, resultó lamentable ver a las mejores competidores femeninas convertidas, por momentos, en molestos obstáculos a sortear por sus compañeros masculinos de la distancia que partía por detrás. Los hombres, lógicamente más rápidos, tenían que abrirse paso entre las mujeres mientras estas trataban de no molestar sin verse perjudicadas en su propio ritmo. Tarea nada fácil para unos y otras dada la estrechez de buena parte del recorrido.
Al menos, a medida que fueron pasando los minutos y se estiraron los diferentes grupos cada una de las cuatro pruebas fue adquiriendo, por fin, su propia entidad dentro de tal barullo.
De todo ese caos emergieron en la media maratón las camisetas mitad naranjas mitad amarillas de la escuadra española. El primero en llegar a meta fue Paul McGrath para ganar el oro en la competición masculina. Poco después María Pérez entró destacada al frente de la femenina añadiendo otro triunfo a su fabuloso palmarés.
Ya con menos tráfico en las calles a medida que fueron acabando todos los participantes de la distancia más corta, los maratonianos de la marcha tuvieron por fin mayor protagonismo, con mención especial para los italianos. Entre los hombres el húngaro Veniercsan se escapó de salida a base de arriesgar con su técnica pero lo acabó pagando con tres penalizaciones. Primero le superó Massimo Stano y luego Miguel Ángel López, que se fue acercando al líder pero no lo pudo alcanzar. En mujeres la vencedora fue otra atleta de la «squadra azzurra», Sofía Fiorini, y España también sumó metal, en este caso bronce, gracias al tercer puesto de Raquel González.
En conjunto, más allá de que para los equipos español e italiano los resultados fuesen fantásticos, la sensación que dejó el experimento fue bastante penosa. Se supone que se trataba de modernizar la especialidad para hacerla más atractiva aunque, visto lo visto, igual no era precisamente ese el objetivo sino todo lo contrario. La marcha seguirá en el programa mientras guste, había dicho el día anterior en televisión el máximo mandatario de la federación internacional, Sir Sebastien Coe. Convertir sus pruebas en una especie de tumultuosa caminata en hora punta no parece el mejor modo de conseguir que gane adeptos.

Heptatlón: Dos días decididos por un par de segundos.

Después de dos días de competición y seis pruebas apenas un puñado de puntos separa a las dos primeras clasificadas en el heptatlón. Lidera la irlandesa Kate O'Connor por delante de la neerlandesa Emma Oostervegel.
Las dos se sitúan una al lado de la otra en la línea de salida del último reto de la exigente combinada: los 800 metros. Dos vueltas a la pista que suelen ser un martirio para las atletas después de tantas horas corriendo, saltando y lanzando a lo largo de las dos jornadas.
Oostervegel necesita aventajar a O'Connor en algo más de tres segundos para superarla en el cómputo total de puntos. Una distancia que parece, a la vez, tanto y tan poco. Para conseguirlo ha de ser valiente, atacar desde la salida y no hacer caso a las señales de dolor que los músculos envían a su cerebro. Son las mismas que siente también la irlandesa, obligada a seguir de cerca a su rival aunque el ritmo inicial sea demasiado alto para las pocas fuerzas que le quedan.
La neerlandesa completa la primera vuelta en cabeza con la irlandesa pegada a su espalda. El toque de campana les anuncia que la tortura terminará dentro de cuatrocientos metros. Junto a ellas va Gerevini pero les da igual. Lo de menos es quién gane esa última prueba. Lo que importa es la diferencia entre ambas al acabar la carrera. Entrando en la recta final, la italiana va por delante pero Oostervegel saca fuerzas de donde ya no quedan. Alarga su zancada en un postrero intento de distanciar a O'Connor y cruzar la meta en la primera posición.
Tras ella, espoleada por la numerosa presencia de aficionados de su país en las tribunas, la irlandesa hace un último esfuerzo y reduce la distancia. Aunque llega tercera lo hace apenas un segundo después de su rival. Ha sufrido hasta el último instante pero es campeona de Europa.

400 metros femeninos: De actriz secundaria a protagonista

Henriette Jaeger llevaba varios años siendo presencia habitual en las finales de grandes campeonatos. Sin embargo, antes de los europeos de Birmingham su papel había sido siempre secundario. Nunca había conseguido una medalla hasta que el lunes completó de forma extraordinaria la posta final del equipo noruego en el relevo 4x400 mixto para conseguir el oro. Fue un éxito colectivo en el que su aportación resultó decisiva.
Seis días después, la atleta nórdica partía en un rol inusual para ella: el de principal favorita en la final femenina de los 400 metros. El modo en que había cerrado la carrera de relevos era todo un aviso de su excelente estado de forma y su inteligencia táctica. Entonces había combinado paciencia y velocidad para ganar en los últimos metros. Ahora, la explosiva salida de Lurdes Gloria Manuel parecía ponerla en similar tesitura. Además, tenía que vigilar a dos atletas de mayor potencia física, Klaver y Bukowiecka.
Ninguna de ellas pudo interponerse en su carrera hacia otra medalla de oro. La joven checa partió en cabeza pero pagó cara su osadía intentando resistir la constante aceleración de la noruega. La escultural neerlandesa y la poderosa polaca tuvieron que conformarse con luchar entre ellas por la segunda posición. Por delante, Jaeger avanzaba inalcanzable. Su físico menudo no era un obstáculo: compensó sus zancadas más cortas con una mayor frecuencia y entró destacada en la recta final para ganar con un segundo de ventaja.
A partir de ahora, después de conseguir dos medallas de oro en una semana, ya no resultará extraño verla como protagonista.

10000 masculino: El loco plan del sueco

Los corredores de fondo suelen ser gente solitaria. Están acostumbrados a cubrir largas distancias con la única compañía de sus pensamientos. Tal vez durante alguno de esos momentos de soledad había pensado Andreas Almgren en el mejor modo de afrontar los 10000 metros en Birmingham. Una cosa tenía clara. La carrera debía ser rápida. El año anterior, en Tokio, y en los dos últimos europeos, el ritmo lento había beneficiado a atletas con más velocidad terminal. Cuatro le habían ganado en la cita mundialista, tres en cada una de las continentales.
Si quería una medalla debía encargarse de endurecer la competición pero el inicio de la carrera en la pista inglesa despertó sus peores recuerdos. La final avanzaba muy despacio. Aunque su plan inicial era incrementar el ritmo a partir del quinto kilómetro decidió que no podía esperar tanto. Aceleró al paso por el 2000 y estiró al grupo con un kilómetro en 2,48.
Los dos siguientes los completó en 2,39 y el grupo explotó. Solo cuatro atletas tuvieron las fuerzas y el valor de seguir un ritmo que parecía suicida: el neerlandés Foden, el italiano Crippa, el francés Gressier y el belga Lukalu. La presencia del representante de los Países Bajos era la más sorprendente y fue la que duró menos. Otro par de kilómetros en 2,40 reventaron a Foden, que se retiró destrozado.
Quedaba menos de media carrera y Almgren seguía tirando. Impasible, implacable, demoledor.
Antes del séptimo kilómetro redobló su apuesta torturando con crueldad a sus atónitos adversarios. Cubrió una vuelta en 1,04. Hizo la siguiente en 1,03. Después añadió una en 1,02 y otra en 1,01. Cuatro giros de locura que hicieron claudicar definitivamente a los tres últimos que habían intentado la locura de seguirle.
De ahí al final, el sueco corrió en solitario, sin otra compañía que la de los atletas a los que iba doblando. Llegó a superar al pelotón de los que luchaban por la quinta posición y cruzó la meta junto a ellos para ganar la medalla de oro. Su plan podía parecer descabellado, pero resultó el modo perfecto de lograr el éxito que le había sido esquivo hasta entonces.

1500 masculino: Podía ganar cualquiera

La prueba que tradicionalmente se considera la reina del mediofondo echaba en falta a su más reciente monarca: Josh Kerr. Sin el escocés en pista se abría un amplio abanico de posibles ganadores en una carrera que nadie iba a poder dominar por completo.
Si era muy lenta los pronósticos apuntaban al portugués Isaac Nader, campeón mundial el año anterior gracias a su fulgurante remontada en la recta final de Tokio, y al británico Jake Wightman, inesperado verdugo del gran Ingebrigtsen en los mundiales celebrados en 2022 en Eugene.
Si el ritmo era duro debían tener más opciones atletas de peor final pero mejor resistencia, entre los que el mejor considerado era el noruego Nordås. Muy consciente de ello, el nórdico tomó la iniciativa apenas escuchó el disparo de salida y enfiló el grupo con su elegante zancada. Pero tras un primer cuatrocientos completado en cincuenta y ocho segundos su empuje decayó y tardó un minuto en cubrir el siguiente. A esa velocidad nadie cedía.
Poco después, el toque de campana anunció la entrada en la última vuelta a un pelotón compacto. Lo trataron de romper sin éxito unos metros más adelante los dos británicos: Heyward acelerando pegado a la cuerda y Wightman corriendo a su lado.
En la última curva, el excampeón del mundo lanzó el que esperaba fuese el ataque definitivo pero su compatriota no cedió y los demás tampoco perdieron contacto.
Se entró así en la recta final, todavía con el pronóstico totalmente abierto. La carrera no había sido lenta pero tampoco rápida. Todavía podía ganar cualquiera si era capaz de encontrar las fuerzas necesarias para acelerar el hueco suficiente por el que abrirse paso. Doble condición que cumplía alguien con quien pocos contaban: Stefan Nillessen. El espigado neerlandes emergió por la calle 2 con su larga zancada y logró en la categoría absoluta la victoria que ya había conseguido dos veces en sub 23.
Después de todo, el vencedor no acabó siendo uno cualquiera sino un atleta con credenciales y talento que supo aprovechar a la perfección su oportunidad.

Jabalina masculina: El veterano líder y el joven aspirante

El lanzamiento de jabalina se basa en un ejercicio cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos. Enviar un largo y afilado dardo a la mayor distancia y con la máxima precisión posible fue durante milenios una cuestión de supervivencia. La herencia de aquellos cazadores y guerreros que usaron las lanzas como medio de ataque y defensa está ahora en manos de ágiles y musculosos atletas. Se enfrentan en competiciones deportivas pero ese origen ancestral no se ha perdido.
En Birmingham dos alemanes protagonizaron un duelo con reminiscencias tribales de tiempos lejanos.
De un lado el veterano líder, Julian Weber, de 31 años, campeón europeo en 2022 y subcampeón en 2024.
Del otro el joven aspirante, Nick Thumm, diez años más joven, campeón continental en la categoría para menores de 23.
El más experto era el favorito y empezó el concurso marcando el territorio con un lanzamiento cercano a los ochenta y cuatro metros.
El más joven nunca había enviado la jabalina tan lejos pero en su quinto intento acabó haciéndola aterrizar cinco centímetros más allá que la enviada por su rival.
A los dos les quedaba entonces un último tiro. El primero en intentarlo fue Weber. Aferró con decisión el estilizado artefacto y lo lanzó a surcar el cielo con toda la potencia de su brazo.
El vuelo fue alto, majestuoso, perfecto. Mientras se producía, el veterano campeón gritaba con una mezcla de rabia y júbilo. Su larga experiencia le permitía saber que el lanzamiento era sensacional. Un instante después la jabalina se clavó en el suelo tras superar la marca de los noventa metros.
Era demasiado para Thumm. El joven aspirante se dirigió al punto de lanzamiento con parsimonia y arrojó su lanza al suelo en señal de rendición y respeto antes de desplomarse derrotado sobre el tartán. Webber acudió a animarlo y reconocer su valor. El viejo guerrero sigue siendo el líder pero ya ha identificado a su sucesor.

Triple salto masculino: Cuestión de caribeños

Hace dos años, en los europeos de Roma, la final masculina de triple salto se convirtió en asunto personal entre dos atletas nacidos en Cuba. El ganador, Jordan Díaz, venció con los colores de España tras realizar un salto prodigioso por encima de los dieciocho metros que le acercó al ya legendario récord de Jonathan Edwards. En la segunda posición concluyó Pedro Pichardo representando a Portugal.
Dos años después, la final de esta compleja prueba, que obliga a correr a toda velocidad antes de ejecutar una secuencia de dos saltos sobre una sola pierna de apoyo, acabó teniendo un desarrollo y un desenlace muy similares.
De nuevo, el vencedor se apellidó Díaz y el segundo volvió a ser Pichardo. Además, el triunfo se decidió gracias a un salto fantástico, con su protagonista aterrizando otra vez más allá de los dieciocho metros. La diferencia fue que en esta ocasión el ganador vestía la camiseta de Italia y se llamaba Andrés, aunque todos lo conocen por Andy.
Lo que no cambió fue la constatación de que el triple salto sigue siendo cuestión de caribeños, independientemente del país cuyos colores defiendan.

Altura femenina: Una alegría para Ucrania

Los ucranianos llevan tiempo necesitando alegrías. Los éxitos deportivos no hacen olvidar la tristeza de la guerra pero ayudan a dejarla a un lado por unos instantes. El jueves, Oleh Doroschuk iba camino de conseguir la primera medalla de oro del equipo de Ucrania hasta que el inesperado resurgir del genial Marco Tamberi lo impidió en la final masculina de salto de altura.
Al día siguiente, la competición femenina de esa misma especialidad ofreció a Ucrania una oportunidad de resarcirse. Con el listón colocado a 1,97 quedaban solo tres atletas en liza. Hasta el 1,95 la mejor había sido la ucraniana Yaroslava Mahuchikh pero un nulo en esa altura situaba al frente de la tabla a la polaca Maria Zodzik, que la había superado al primer intento. La tercera en discordia era la representante de Macedonia, Marija Vukovic, contenta por haber asegurado la primera medalla para su país, aunque fuese de bronce.
Mahuchikh también tenía ya la certeza de conseguir premio. Pero no se conformaba con la plata. Quería el oro. Se concentró al máximo, con expresión tensa y los ojos cerrados. Los abrió mirando fijamente al listón justo antes de encararlo, ganando velocidad. Cuatro zancadas amplias y lentas, seguidas de una brusca aceleración antes de despegar. Entonces, su estilizada figura giró en el aire y sorteó el obstáculo con una mezcla perfecta de habilidad innata y depurada técnica.
Había pasado el 1,97 al primer intento.
Sus dos rivales fracasaron en las tres tentativas. La campeona olímpica y mundial acababa de ganar su tercer título europeo. Ucrania tenía esa medalla de oro que se le había resistido a lo largo de toda la semana. Una vez conseguido el objetivo, Mahuchikh intentó saltar por encima de los dos metros. Era lo de menos. Liberada de toda tensión pudo sonreír por fin. Los tres saltos fallidos con los que cerró el concurso fueron una celebración. Para ella. Para sus compatriotas en las tribunas. Para los que, por unos instantes, se olvidaron de la guerra en su país para disfrutar viendo por televisión el triunfo de su joven representante en la única batalla que debería enfrentar a los países: la deportiva.

Relevos 4x100: La velocidad europea es británica

Las pruebas individuales de velocidad habían registrado un claro dominio británico. Solo el esprint final del alemán Ansah en la final del 200 masculino impidió el pleno de oro para la delegación local. Con esos antecedentes era obvio que sus cuartetos partieran como favoritos en las finales del relevo 4x100.
Sin embargo, la propia complejidad de la prueba no garantizaba el éxito, aunque las formaciones de casa fuesen de auténtico lujo. El siempre frenético relevo corto esconde numerosas trampas en las que puede caer incluso el equipo más potente. Por mucho que cada uno de sus integrantes corra individualmente su tramo, la clave está en la integración dentro del conjunto. El paso del testigo entre cada atleta es especialmente decisivo y si se realiza a la perfección puede permitir a un grupo formado por atletas menos veloces plantar cara o incluso ganar a otro teóricamente superior.
En la carrera masculina los italianos lo demostraron con tres entregas magníficas que les mantuvieron cerca de los británicos hasta la última posta. La inició Cecarelli a solo siete centésimas de Glaze. El italiano tenía ante sí la misión imposible de batir al campeón de los 100 metros. Una dolorosa lesión le impidió intentarlo. Mientras el transalpino renqueaba camino de la meta, el hombre más rápido del campeonato lograba su segundo oro en unos pocos días.
En la prueba femenina las atletas de Gran Bretaña combinaron su mayor velocidad con una coordinación envidiable y el resultado fue demoledor. Dina Asher-Smith salió disparada y entregó en cabeza a Amy Hunt. La campeona del 100 y el 200 completó una recta prodigiosa que incrementó la ventaja de su equipo antes de ceder el testigo a Eduan. La curva de la tercera relevista fue igualmente magnífica y Lansiquot remató la exhibición con un cierre perfecto para ganar con más de un segundo de ventaja, margen inusual en una carrera tan corta.
Definitivamente, tanto a nivel individual como colectivo, la velocidad europea en Birmingham ha sido muy británica.

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