Campeonatos de Europa de Atletismo
Birmingham 2026

Séptima jornada - domingo 16 de agosto
Finales de maratón, pértiga masculina, jabalina, longitud femeninas y 1500 femeninos, 3000 metros obstáculos masculino y relevos 4x100 mixto y 4x400.

La jornada final arrancó de nuevo fuera del estadio para disputar a primera hora de la mañana las pruebas de maratón. El cierre a los campeonatos lo puso una intensa sesión vespertina con las últimas ocho finales del programa: tres concursos, dos carreras individuales y tres pruebas de relevos.

Maratón: Cuesta arriba y cuesta abajo por las calles de Birmingham

El sábado las cuatro pruebas de marcha se habían disputado de forma simultánea sobre un recorrido de un kilómetro de longitud. Una decisión que generó un notable caos y no benefició en nada a la especialidad de los veloces caminantes del atletismo.
El domingo, la histórica maratón recibió un tratamiento similar. Su recorrido estuvo basado en un circuito urbano de cinco kilómetros en el que acabaron coincidiendo los participantes de las competiciones masculina y femenina. Las mujeres habían tomado la salida cuarenta minutos antes, pero la lógica mayor velocidad de los hombres y la configuración del trazado volvieron a mezclar a los participantes y a dispersar por momentos la atención del público y los medios de comunicación.
Un planteamiento desafortunado para una prueba tan clásica, cuya épica merece mejores escenarios. El de Birmingham resultó poco atractivo visualmente aunque, al menos, ofreció un exigente reto debido a las empinadas cuestas que obligaron a los atletas a un continuo sube y baja.
La dureza del recorrido aconsejaba la cautela pero en la carrera femenina Alisa Vainio optó por todo lo contrario. La finlandesa atacó prácticamente de salida, se escapó en solitario y su fuerte ritmo no decayó en ningún momento. Ganó con casi cinco minutos de ventaja sobre unas rivales que pronto se resignaron a pelear por las dos medallas individuales restantes y por las tres de la competición por equipos. En esta última, el equipo español logró la de bronce gracias a una actuación muy consistente de todo el grupo, encabezado en la octava posición por Carolina Robles.
En la carrera masculina, el planteamiento general fue más conservador. El propio desgaste de la prueba acabó separando el grano de la paja con el paso de los kilómetros. Superado el treinta, ya quedaba un pequeño grupo en cabeza del que saltó el gran favorito: Amanal Petros. El alemán cobró pronto una interesante ventaja que le permitió resistir el contraataque de sus perseguidores y tener incluso tiempo de entrar tranquilamente en meta para celebrar la victoria.

4x100 Mixto: Confirmación británica, redención española.

La velocidad tuvo en Birmingham una prueba extra gracias al estreno del relevo 4x100 mixto. La nueva competición reunió a los principales protagonistas de las finales individuales del 100 y el 200. Destacaba especialmente la formación británica con un cuarteto formado por el subcampeón de 100 metros, Jeremiah Azu, los subcampeones de 200, Dina Asher-Smith y Zarnell Hughes, y la campeona del 100, el 200 y el 4x100 femenino, Amy Hunt.
Ante tal constelación de estrellas era difícil que pudiera brillar ningún otro equipo. Sin embargo, la bien coordinada escuadra alemana se mantuvo en cabeza hasta la última posta, gracias a su mayor precisión en los cambios. Un magnífico trabajo conjunto que no pudo evitar el triunfo británico. Aunque Amy Hunt recibió el testigo ligeramente por detrás de Gina Lückenkemper, el desenlace estaba cantado. La reina de la velocidad europea aceleró imparable para conseguir su cuarta medalla de oro en una semana mágica, confirmando su dominio y el del equipo británico en la velocidad.
En cambio, los días previos habían resultado mucho menos satisfactorios para los velocistas españoles. A nivel individual solo Jael Bestué había logrado destacar, alcanzando la séptima posición en 200 metros. Por equipos, tanto el masculino como el femenino habían caído del peor modo posible en las eliminatorias del 4x100: descalificados por errores en una entrega. Su presencia en la final del relevo mixto era la gran oportunidad para terminar con buen sabor de boca y acallar las críticas. La aprovecharon completando una actuación impecable.
La inició Guillem Crespí saliendo a por todas y completando en tercera posición la primera curva.
La continuó María Isabel Pérez con una contrarrecta magnífica en la que solo la legendaria Asher-Smith corrió más que ella.
La consolidó Andoni Calbano con una curva lo suficientemente rápida para hacer la última entrega todavía en tercer lugar.
La remató Jael Bestué corriendo la recta final apenas dos centésimas por encima de los diez segundos para conseguir la medalla de bronce.
Un premio merecido y con sabor de redención para el conjunto español.

3000 metros obstáculos masculino: Había que intentarlo

La final masculina de los 3000 metros obstáculos tenía un favorito claro. Solo uno de los dieciséis participantes había completado antes la distancia en menos de ocho minutos, una barrera hasta entonces inalcanzable para los atletas europeos. Era el alemán Frederik Ruppert. Además lo había hecho recientemente, el último día del pasado mes de mayo.
Si el germano decidía marcar un ritmo rápido los demás iban a sufrir para seguir su estela. Pero Ruppert tenía otros planes. Seguro de su poderío, no quería hacer alardes innecesarios. Esta vez se trataba de ganar el oro, lo de menos era la marca.
Nada más darse la salida, quien tomaba la iniciativa era otro atleta vestido con tonos anaranjados: Dani Arce. El español partía entre los aspirantes a medalla, pero no estaba dispuesto a conformarse con una medalla cualquiera. Su objetivo era lograr la de oro. Una meta ambiciosa dada la entidad del principal adversario a batir que, además, se situaba a su lado, recordándole su presencia.
Con los dos al frente de un grupo compacto transcurrieron con lentitud los dos primeros kilómetros. Al iniciarse el tercero, Arce empezó a acelerar y Ruppert aceptó el envite. Los dos entraron en la última vuelta corriendo codo con codo y así continuaron hasta que el alemán cambió a su marcha superior y se escapó imparable hacia la victoria.
Cualquier otro se habría conformado con terminar segundo pero el español no había llegado hasta ahí para rendirse. Trató de replicar al veloz pelirrojo y pagó su osadía siendo adelantado en los últimos metros por el luxemburgués Querinjean y por el otro alemán, Bebendorf.
Para Arce, el cuarto puesto final tuvo sabor a chocolate amargo, aunque también le dejó un regusto dulce. Había sido fiel a sí mismo. Quería el oro y para conseguirlo no servían medias tintas. Finalmente no pudo lograrlo pero le quedó la satisfacción de haberlo intentado con todas sus fuerzas.

Jabalina y longitud femeninas: Quien da primero da dos veces

En las finales femeninas de lanzamiento de jabalina y salto de longitud se dio una circunstancia no muy frecuente en los concursos atléticos. La define a la perfección el refrán «Quien da primero da dos veces». Se trata de una expresión de origen antiguo, nacida para elogiar la generosidad de alguien que da con rapidez lo que se le pide. Con el tiempo, su significado ha cobrado otro sentido: señalar la ventaja que tiene adelantarse a los demás.
Tanto Sara Kolak como Larissa Iapichino lograron su mejor marca en el primer intento y ese registro las situó en cabeza de la clasificación. La croata hizo aterrizar la jabalina más allá del arco de los sesenta y dos metros. La italiana dejó su huella en la arena del foso de salto de longitud justo a siete metros de la tabla de batida.
Las dos se adelantaron a las demás cobrando una doble ventaja. La tangible, medida en centímetros. La intangible, pero no menos importante, de tomar la iniciativa y trasladar toda la presión psicológica a sus rivales. En ambos casos resultó una ventaja decisiva. Aunque ni Sara ni Larissa lograron mejorar en sus cinco intentos restantes, tampoco lo consiguieron sus adversarias.
En el lanzamiento de jabalina ninguna otra atleta pasó de los sesenta y dos metros. La que más se acercó al tiro de Kolak fue la alemana Ulbricht, que se quedó a noventa centímetros.
En el salto de longitud las diferencias fueron mucho menores pero los siete metros resultaron también una barrera infranqueable. Un centímetro le faltó a la británica Sawyers para alcanzarla. A solo dos terminó la francesa Kpatcha.
Dicen que el refranero es sabio. No siempre es cierto aunque también es verdad que muchas de sus sentencias han nacido de la costumbre y se refieren a hechos que se suelen repetir con cierta asiduidad. En Birmingham, Kolak e Iapichino demostraron que, al menos esta vez, el refranero volvió a tener razón.

1500 femenino: Todo bajo control

Su vestimenta azul destaca en un grupo que tiene al blanco y el verde como tonos predominantes. Pero ese no es el motivo por el que todas las miradas están puestas en Georgia Hunter-Bell antes del inicio de la final femenina de los 1500 metros. Hay una razón más poderosa que la cromática: la atleta británica es la gran favorita.
El público sigue sus movimientos con admiración, deseando celebrar otro éxito de la nación anfitriona.
Sus rivales la observan con una mezcla de respeto y temor. Dos sentimientos que se traducen en un lento arranque de carrera.
Aunque Salomé Afonso tiñe de verde la punta del grupo, ni ella ni ninguna otra se atreve a forzar el ritmo. Al lado de la portuguesa corre Hunter-Bell, vigilante, intimidando con su mera presencia.
El resultado son más de mil metros de tensa espera. Demasiado tensa. La escasa velocidad apelotona a las atletas y los encontronazos se suceden. No caben todas en el poco espacio que ocupan.
Por momentos parece que la carrera pueda acabar desembocando en una riña como las protagonizadas por los famosos 'Peaky Blinders' en las calles de Birmingham.
Finalmente, el toque de campana que anuncia la última vuelta pone orden en el tumulto.
Hunter-Bell reacciona al tañido acelerando y se adueña de la cuerda estirando el grupo. La francesa Guillemot responde pero no puede rebasarla por el exterior de la primera curva. La polaca Kazimierska ataca con decisión en la contrarrecta y se empareja con la británica. Tampoco consigue adelantarla.
Hunter-Bell ha seguido ganando velocidad a medida que se acercaba la meta y todavía tiene otro cambio de marcha. Lo utiliza entrando en la última curva para romper definitivamente las esperanzas de sus rivales, que la ven distanciarse de forma inexorable.
Unos segundos después, entra en meta con los brazos abiertos y una expresión tan sonriente como serena. Todo estaba bajo control pese al caos a su alrededor.

Pértiga masculina: Nadie vuela tan alto

En los europeos de atletismo celebrados el verano de 2018 en Berlín irrumpió un muchacho sueco nacido en Estados Unidos que revolucionó el salto con pértiga con toda la fuerza y el descaro de sus diecinueve años. Desde entonces, Armand «Mondo» Duplantis solo perdió una vez en una gran competición. Fue unos meses después, en los mundiales de Doha. Todas sus demás participaciones en Juegos Olímpicos, Campeonatos del Mundo y de Europa concluyeron con una medalla de oro adornando su cuello a la vez que superaba listones situados cada vez más centímetros por encima de los seis metros.
En Birmingham nadie esperaba un resultado diferente. El principal aliciente de la final del salto con pértiga se centraba en ver si Duplantis se animaba a elevar en otro centímetro su increíble récord mundial de 6,31.
Sin embargo, hace relativamente poco surgió en el panorama internacional un atleta dispuesto a vencer al imbatible sueco. El griego Emmanouil «Manolo» Karalis saltó seis metros por primera vez hace dos años y desde entonces no ha dejado de ir hacia arriba. Por eso, cuando el habitualmente infalible Duplantis derribó en su primer intento sobre los seis metros, el interés por la final aumentó de forma inesperada. El sueco lo superó en su siguiente tentativa pero lo mismo hizo Karalis. Los dos iban empatados y el oro aún estaba en el aire.
Para alcanzarlo había que elevarse al menos una vez más por encima de un listón que seguía ascendiendo. Duplantis lo sorteó a la primera cuando estaba situado a 6,10 metros del suelo. Volvió a pasarlo con su habitual limpieza cuando lo subieron otros cinco centímetros.
Fue suficiente.
Karalis intentó seguirle pero derribó una vez en cada una de esas dos alturas. Le quedaba ya solo la opción de saltar 6,20 para mantener el desafío pero nunca había llegado tan alto. En su último intento, la delgada barra lo acompañó en su caída a la mullida colchoneta.
Tal vez algún día el griego pueda conseguirlo pero tendrá que esperar. En Birmingham, como en cada gran competición de los últimos seis años, nadie voló tan alto como el fabuloso saltador sueco.

4x400: Más que dos medallas de oro en juego

Las finales del relevo largo tuvieron en Birmingham un significado especial. El resultado de las dos últimas carreras del campeonato fue clave para determinar qué país terminó liderando el medallero.
A falta de esas dos carreras, Italia y Gran Bretaña tenían el mismo número de oros. El empate se podía romper a favor del equipo local en la final femenina. El cuarteto británico había registrado el mejor crono en semifinales, casi cuatro segundos mejor que el logrado por las italianas.
Entre ambos equipos estaba en la lista de tiempos la formación de los Países Bajos. Era un adversario a tener en cuenta pero se convirtió en el rival a batir cuando saltaron a pista con un cambio fundamental en su alineación: la presencia de Femke Broeders-Bol.
La amenaza de las neerlandesas se empezó a concretar desde la salida. Van der Schoot fue la más rápida en la primera posta y Klaver incrementó la ventaja sobre las británicas, que venían remontando tras un mal inicio. Aunque la tercera atleta local recortó distancias, Bol recibió primero el testigo de manos de su compañera. Parecía que la suerte ya estaba echada, pero la última británica no estaba dispuesta a rendirse. Emily Newnham alcanzó a Femke Bol, pero esta no se inmutó. Siguió corriendo con su habitual facilidad y cruzó la meta en primera posición.
El resultado de la prueba femenina convirtió a la masculina en la carrera definitiva para el medallero. El empate entre Italia y Gran Bretaña se mantenía. Además, los dos equipos eran los máximos aspirantes a la última medalla de oro.
Los italianos se pusieron en cabeza en la segunda posta gracias a un prodigioso cuatrocientos de Sito pero los británicos les seguían de cerca.
La última posta la inició Benati con medio segundo de ventaja sobre Dobson. Parecía un margen suficiente pero en la recta final el británico se fue acercando. Espoleado por el público y por un deseo interior que se imponía al dolor, se echó encima de su rival. Le faltaron unos centímetros para superarlo.
Italia ganó por tres centésimas de segundo una última medalla de oro que elevó su cuenta a diez y le aseguró definitivamente el triunfo en el medallero.

Si te gusta como escribo de atletismo disfrutarás leyendo 'Asfalto, hierba, ceniza y tartán', mi libro con 43 relatos del Rey de los Deportes: