Daniel Ceán-Bermúdez
@daniel_cean
Foto: Chris Owens - www.indycar.com

El nuevo profesor

St. Petersburg - 1ª prueba NTT Indycar Series 2026.

Sus gestas están separadas en el tiempo por más de treinta años y en el espacio por la enorme distancia entre la Fórmula 1 de raices europeas y la Indycar estadounidense. Sin embargo los dos tienen mucho más en común que el hecho de sumar cuatro títulos de campeón en sus respectivos certámenes. Ambos proceden de dos pequeños pueblos de apenas cinco mil habitantes, uno de la región francesa del Loira, el otro de la barcelonesa comarca del Vallés. Comparten también las mismas iniciales de nombre y apellido, la A en el primer caso, la P en el segundo. Curiosas coincidencias que se añaden a la extraordinaria similitud en la forma de pilotar y en el modo de ganar que cada día encuentro más evidentes entre Alain Prost y Alex Palou.

El francés se ganó el apelativo de 'El Profesor' por su estilo sobrio pero tremendamente eficaz en una época en que la alta potencia y el elevado consumo de los motores turbo no ayudaban precisamente a hilar fino las trazadas al volante de un Fórmula 1. Prost ganaba dando la sensación de no forzar gracias a la letal combinación que suponía su inteligencia táctica y una conducción elegante, precisa y respetuosa con la mecánica. Características que son también la base de los éxitos de Palou. Por eso no es de extrañar que al español ya empiecen a llamarlo del mismo modo los comentaristas de la televisión estadounidense, asombrados por el absoluto dominio que está ejerciendo en la Indycar. Una superioridad especialmente llamativa en una categoría pensada para conseguir la máxima igualdad y la mayor variedad posible de vencedores como mejor forma de mantener la incertidumbre y atraer el interés de unos espectadores acostumbrados a las luchas hasta el último metro de la NASCAR.

El pasado domingo su demostración de superioridad en las calles de St. Petersburg fue aún más extraordinaria por el modo tan aparentemente fácil en que logró una nueva victoria para arrancar la temporada en la que busca su quinto título en seis años. El barcelonés partía desde la cuarta posición y superaba por el exterior de la primera curva a su acompañante en la segunda fila de la formación de salida, el tan veloz como sorprendente Dennis Hauger, debutante en la categoría. Situado ya en el tercer puesto y siendo el primero que llevaba su monoplaza calzado con neumáticos blandos se podía pensar que no iba a tardar demasiado en atacar a Scott McLaughlin y Marcus Ericsson que le precedían usando en sus Dallara las gomas de compuesto más duro.

Probáblemente eso habrían intentado muchos otros pero no es lo que hacía Palou. El tetracampeón pensaba una vez más a largo plazo. Su objetivo no era liderar al principio. Quería hacerlo cuando realmente importa, al paso bajo la bandera a cuadros. Por eso se limitaba a seguirlos de cerca mientras el neocelandés y el sueco luchaban por la primera posición. Daba además la sensación de estar simplemente esperando su momento. Dejándoles hacer. Incitándoles con su amenazadora presencia a gastar más combustible y goma de forma que pese a ir calzados con las más duras acabaron por entrar una y dos vueltas antes a hacer el primer repostaje y cambio de neumáticos.

El de Penske visitaba su 'box' en la 36, el de Andretti en la 37. Mientras los dos peleaban con Armstrong, que hacía su parada en la 38 y se situaba brevemente por delante de ambos, Palou seguía en pista hasta la 39. La operación del equipo Ganassi era perfecta. Alex retornaba a la pista casi dos segundos antes de que llegasen sus dos rivales. Faltaban 60 vueltas pero la sensación era clara. Lo había vuelto a hacer. Nadie iba a poder batirle por mucho que sus competidores se aferrasen a una tenue esperanza.

El reglamento de este año obliga a usar dos veces las gomas blandas. El español las había vuelto a montar por lo que en el último cambio tendría que utilizar la duras mientras que ellos ya se las habían quitado de en medio y ahora usarían sólo las más rápidas blandas. No importaba. A igualdad de compuestos Palou los distanciaba vuelta a vuelta de forma implacable. Cuando llegaba el momento de hacer la parada final en 'boxes' había acumulado más de trece segundos sobre un aguerrido grupo de perseguidores en el que ahora destacaba el siempre agresivo Kyle Kirkwood. Quedaban 30 giros y el estadounidense, con gomas blandas en su montura del equipo de Michael Andretti, empezaba a recortar distancias. La diferencia llegaba a reducirse a la mitad pero Palou no se inmutaba. Seguía rodando con la misma precisión quirúrgica de siempre. Acercándose a los muros sin rozarlos. Con un ojo en la pista, el otro en las cifras de consumo y los oidos atentos a las indicaciones de su equipo. El peligro ya había pasado si es que había llegado a existir.

En las diez últimas vueltas el margen a su favor volvía a crecer. Kirkwood había intentado darle caza pero lo único que había conseguido era gastar más de la cuenta para pasar a convertirse en presa de McLaughlin y Lungaard que lo rebasaban en rápida sucesión. Por delante de ellos el Dallara amarillo con bandas rojas ya estaba otra vez muy lejos para pensar siquiera en intentar inquietar a su imperturbable piloto. Sólo el grito de alegría al cruzar la línea de meta como ganador con más de trece segundos de ventaja demostraba un atisbo de emoción descontrolada en el absoluto control ejercido por el barcelonés

Alex Palou había vuelto a ganar al más puro estilo de Alain Prost. Sin el más mínimo exceso. Sin concesiones a la galería. Con un solitario pero muy decisivo adelantamiento en los primeros instantes de la carrera. Con esa increíble capacidad para rodar deprisa cuando parece que su monoplaza no va tan rápido. Ahorrando combustible sin perder velocidad. Cuidando los neumáticos sin ceder terreno. Desmoralizando a unos rivales que llevan tiempo preguntándose como es posible hacer lo que el piloto español hace de forma tan aparentemente sencilla mientras que para ellos resulta imposible. El automovilismo mundial tiene en la Indycar un nuevo profesor.