Daniel Ceán-Bermúdez
@daniel_cean
Fotos: British Athletics y World Athletics

Tres chicas inglesas no tan corrientes

Campeonatos del Mundo de Atletismo en Pista Cubierta Torun 2026 - 800, 1500 y salto con pértiga femeninos.

La tarde del domingo 22 de marzo del 2026 es mágica para tres jovenes británicas con apariencia de los más corriente. Si las ves por la calle se parecen a tantas otras turistas de su país que se ponen coloradas al sol de nuestras playas en los días de verano y no se avergüenzan de nada en las pistas de baile durante las noches de fiesta estivales. Sin embargo son muy diferentes al resto de compatriotas de su edad y su aspecto físico en otro tipo de pistas: las de atletismo. En la de Torun llaman la atención aunque su atuendo casi se mimetice con el intenso azul del tartán polaco. Las tres van vestidas de ese mismo color, adornado con detalles rojos. Las tres son de cuerpo esbelto, tez pálida y melena rubia. Una de las dos que corren la lleva recogida en una elegante cola de caballo. La otra en un moño. La que salta en unas graciosas coletas. En apenas media hora tres medallas de oro añadiran más reflejos dorados a los que producen en sus cabellos las luces del pabellón.

Cinco minutos antes de que en su casa fuese la sagrada hora del té empieza a competir la de las coletas. Nacida en Truro, una histórica localidad de la romántica Cornualles, Molly Caudery viene de una mala racha. Hace dos años se proclamó campeona del mundo de salto con pértiga en pista cubierta ante su público en Glasgow. Desde entonces nada le ha salido bien. Lesionada durante el calentamiento no pudo siquiera iniciar la competición en el último mundial al aire libre. En Torun está de vuelta, ya recuperada pero sin apenas haber podido probarse antes de la gran cita. Lo más que ha saltado es 4,70 y eso está lejos de sus mejores marcas. Imposible no tener dudas en una situación así. Pronto las disipa saltando a la primera con gran solvencia tanto el 4,35 como el 4,55 y el 4,70. Ocho de sus competidoras también han superado esa última altura. Llega entonces el primer momento decisivo. Sólo ella y la eslovena de 38 años Tina Sutej, que la precede en el orden de salto, rebasan el listón situado en 4,80.

Después de algo más de una hora de competición ya tiene asegurada al menos la medalla de plata pero no se conforma aunque tendrá que esperan para luchar por el oro. Mientras tanto el programa de carreras se ha ido desarrollando y unos minutos después de las siete y veinte hora local arranca la final de 1500 metros.


Es el turno de correr para la que lleva su cabello sujeto en una larga cola. Georgia Hunter Bell nació en Paris cuando su padre, un reputado periodista británico, era corresponsal en la capital francesa. De niña y adolescente practicó el atletismo pero lo dejó apenas cumplidos los veinte a causa de las lesiones. Hace seis años tenía ya veinticinco y trabajaba de comercial en una empresa de informática. Entonces volvió a correr para respirar oxígeno fresco en los largos días de la pandemia y no paró de hacerlo desde entonces. Cada vez más deprisa además. Pronto retornó a la competición con éxito. El año pasado fue subcampeona del mundo al aire libre en la distancia inferior, el 800, terminando una centésima por delante de su amiga y compañera de entrenamientos, la tercera de ese trío de chicas británicas que buscan oro esa tarde en Torun.

Cuando es presentada al público Georgia muestra una sonrisa llena de confianza. Está en plena forma. Nadie ha podido batirla este año. Lo va a intentar la que anteriormente ha corrido más rápido de las nueve que toman la salida en busca de la gloria. Es la etiope Hailu que lanza la carrera de forma inusual para una teórica favorita: emprender una arriesgada fuga en solitario. En unos segundos deja atrás a sus rivales. Su distancia crece con rapidez hasta resultar preocupante pero Hunter Bell no se inmuta. Lidera el grupo perseguidor y mantiene fija la mirada en la valiente africana. Está segura de sus fuerzas y sabe que todavía está a su alcance. El apellido de su esposo y el suyo significan literalmente 'cazador' y 'campana'. De lo más premonitorio porque tras ir acelerando de forma tan progresiva como implacable da caza a la etiope justo cuando se acaba de escuchar el toque de campana que anuncia la última vuelta. La recorre a toda velocidad, incrementando el ritmo a medida que se acerca a la meta para cruzarla en primera posición. Después de dos medallas de plata y dos de bronce por fin tiene una de oro en una gran competición internacional.

Georgia celebra el triunfo enarbolando la bandera británica. Apenas han transcurrido diez minutos desde que ha completado la vuelta de honor a la pista cuando Molly vuelve a saltar. Tanto ella como su veteranísima rival derriban al primer intento sobre 4,85. La eslovena tampoco lo supera en su segunda tentativa. La inglesa sí lo consigue. Aterriza exhultante sobre la mullida colchoneta. Su alegría es completa cuando unos instantes después Sutej roza el listón lo suficiente para derribarlo de nuevo. Cinco días después de cumplir los veintiséis años la joven de Cornualles es Campeona del Mundo por segunda vez. Todo el sacrificio para regresar después de la lesión ha tenido la recompensa deseada. Es ahora su turno de posar sonriente para los fotógrafos con la enseña de su país como capa cuando las manecillas de los relojes se acercan ya a las ocho de la tarde. Siete minutos antes de que sea la hora en punto está previsto el inicio de la final de 800 metros femenina.

Es la carrera en la que participa la última del terceto, la que corre con su pelo dorado recogido en un moño. Keely Hodgkinson no es sólo la gran favorita. Es una de las máximas estrellas del campeonato y del atletismo mundial. Está en absoluta plenitud. Hace apenas un mes ha batido el récord mundial de la distancia en pista cubierta. Lo había establecido la checa Ceplak el 3 de marzo del 2002. Ese mismo día de hace veinticuatro años nació la nueva poseedora de la plusmarca en una pequeña población del cinturón industrial de Manchester.

Su gesto serio y concentrado apenas cambia por una breve sonrisa y un saludo al público cuando su nombre se escucha en los altavoces. Sabe que no puede fallar. También sabe que es la más fuerte y no va a dar opción a que haya error alguno. Desde el primer momento sale decidida a tomar el mando. Corre por la calle exterior y alcanza la cuerda de la calle libre justo por delante de la suiza Werro y la etíope Getachew que impactan entre ellas tratando de seguir a la británica. Es un empeño imposible para ambas. Keely marca un ritmo asfixiante. El primer 200 lo completa en 27:24. Pasa el 400 en 56:96 ya con algo de ventaja. Por el 600 el cronómetro marca 1:26.46 y su margen sobre las demás se ha multiplicado por cinco o seis. La última vuelta la hace cada vez más lejos del resto a base de seguir acelerando para rubricar su victoria con un tiempo de 1:55.30 que borra de la lista de récords del campeonato una marca de antes de que ella naciera.

No sólo ha cumplido los pronósticos. Ha vuelto a demostrar que es la mejor y que uno de los más legendarios registros que aún perduran desde el siglo pasado, el 1:53.28 establecido en el 1983 por la imponente Jarmila Kratochmilova al aire libre, está definitivamente en peligro. Algo que se antoja imposible comparando el musculadísimo físico de la checa con el mucho más liviano y fibroso de esta joven inglesa que parece flotar sobre la pista cuando avanza a toda velocidad dando la sensación de no tocar apenas el tartán.

Cuando Keely cruzaba la meta habían pasado veintiocho minutos desde que lo hiciese Georgie y quince desde que Molly completó su último salto. En menos de media hora las tres jóvenes británicas han ganado la medalla de oro en sus pruebas. Tres chicas de aspecto corriente que sobre la pista son absolutamente extraordinarias.

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